Cambiar Madrid por un mundo de flores

martes, 09 de octubre de 2018
ECONOMíA - Sheila Sánchez García ha abierto Oh floremio, una floristería en la calle Mayor de San Esteban de Gormaz

Sheila Sánchez García y su pareja, Sergio Andrés, decidieron un día dar un cambio a sus vidas y ella dejó de ser agente de viajes en Madrid por vivir San Esteban de Gormaz, convirtiéndose en emprendedora en el medio rural y ganar calidad de vida. “En Madrid vivíamos por el trabajo, pero con menos vida social, queríamos venir al pueblo, pero lo veíamos como algo imposible”, explica Sheila. Pero un día el trabajo de su marido como ingeniero de telecomunicaciones le permitió trabajar desde casa y entonces vieron la oportunidad de abrir este negocio en la villa ribereña y la respuesta a la pregunta ¿nos lanzamos? quedó resuelta el 11 de agosto.

Ese día abrió en la calle Mayor la floristería Oh floremio, “con muchas ganas y mucha ilusión y con la esperanza de que funcione y nos podamos quedar en el pueblo”, explica Sheila, quien antes de la apertura tuvo que formarse con cursos en la Escuela Española de arte floral, “unos cursos estupendos”, valora, porque además de las enseñanzas sobre cuidado y montaje de plantas, también forman a los alumnos cómo llevar una floristería, calidad de los proveedores y su distribución. “Hoy en día funciona mucho por internet, no hay que esperar a que venga un camión para cogerle las flores”, explica Sheila, por lo que las opciones de contar con plantas en una ciudad o el medio rural son idénticas, reconoce. Y así se fue introduciendo en un mundo de calidad de la flor, cuidado en el envío, la importancia de la refrigeración especialmente en la flor cortada. Una formación que no va a abandonar porque seguirá reciclándose en áreas más específicas como bodas y otras especialidades “para poder dar más servicio”, añade.

En este mes desde su apertura la respuesta “ha sido muy buena, yo no me esperaba y el primer día se me quedó la tienda desangelada”, sonríe sorprendida. “Abrimos en un momento en que había mucha gente en San Esteban y viene gente de fuera que aprovecha para llevar flores al cementerio, empezamos con mucho trabajo y luego llegó fiestas que fue una locura”, en referencia a la ofrenda floral, aunque ahí contó con la ayuda local, Rafa, en la organización y la decoración de parroquia y Rivero.

“Fue un día duro, porque además del trabajo festivo hubo un funeral”, y esta experiencia le servirá, el próximo año, para contratar a alguna persona a media jornada para ayudarle y por tanto en breve comenzará a generar empleo. Ahora también comenzarán a disfrutar del pueblo, porque desde que volvieron en julio, Sheila ha estado trabajando intensamente en su nuevo negocio y no ha tenido tiempo casi de ocio y reitera que vivir en San Esteban “es calidad de vida”, que permite comer en casa, no perder tiempo en desplazamiento y salir a tomar algo con los amigos. Y mientras sigue presentando papeles para intentar conseguir alguna ayuda aunque reconoce que hay muchas trabas y exigencias, que no facilitan tanto como anuncian.

 

Informa Ana Hernando
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