Cuatro generaciones modelando el hierro

lunes, 02 de octubre de 2017
SOCIEDAD - Javier Santos Pérez, a sus 49 años, sigue compaginando los trabajos de herrería y fragua en San Esteban de Gormaz en un oficio que viene desde su bisabuelo que hacía un trabajo de se hacía para cubrir una necesidad

“Vivo de la herrería pero también trabajo la forja”, explica Javier Santos Pérez, un sanestebeño de 49 años que está al frente de un negocio que inició su bisabuelo y donde sigue compaginando el trabajo de artesano con la producción mecanizada en su taller de San Esteban de Gormaz. Javier es artesano, de los de carnet, pero no viaja feria por feria vendiendo sus obras de arte, sino que ha enfocado su carrera profesional principalmente a trabajos como las chimeneas u otros productos de hierro para industrias donde se utiliza la prensa, no tanto la fragua artesanal, que evoca al cuadro de Vulcano de Velázquez. Sabe que “vivir solo de la artesanía es difícil”, explica refiriéndose a la dificultad para la comercialización de los productos artesanales de forja. A pesar de la dificultad sabe de la belleza del oficio de la fragua, de lo auténtico y exclusivo del trabajo manual frente a las producciones en series.

Parte de su trabajo artesanal se puede ver en las lámparas, apliques o adornos que coloca en sus chimeneas, pero también en los balcones que presiden muchas de las fachadas de la villa ribereña, donde lo auténtico está en cada producción, cuando ningún encargo sale igual.

En el caso de Javier Santos el oficio le viene de tradición, siendo la cuarta generación que se dedica a este trabajo que “te gusta y es más creativo”, en referencia a la forja, que “te gusta conservarla porque es una tradición familiar”, recordando a sus antepasados que hacían de la fragua “su medio de vida”. Los tiempos también han cambiado desde entonces, ya que mientras sus abuelo y bisabuelo se dedicaban a hacer tareas más funcionales como tijeras, herraduras o cucharas, hoy las tareas se han diversificado, aunque recuerda que antiguamente había herreros en pueblos más pequeños, que iban de pueblo en pueblo e incluso les pagaban con cotas de cereal.

Javier estudió administrativo y aprendió el oficio de su padre, desde la fragua (hoy mejorada gracias al martillo pilón) a la prensa. Aunque ya no es tan duro como antes sigue siendo un trabajo físico “en la fragua hay que aprovechar las primeras horas del día para evitar el calor”, explica. El mercado complicado y los cambios en la sociedad le llevan a pesar que este oficio, en su familia, termina con él. Tiene una hija pero teme que, tal y como ocurre ahora acabe abandonando el pueblo cuando estudie. “Da pena, pero los sorianos exportamos hijos”, lamenta, afirmando que a los niños del medio rural se les forma, se les da una educación y como en el pueblo no la pueden desarrollar, la igual que hacen muchos jóvenes, se marchan. Tampoco hace un drama de esta situación “las cosas nacen, crecen y a veces tienen un ciclo”, afirma.

 

Informa Ana Hernando
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