La tradición y la obra de arte se dan la mano en las comparsas

jueves, 07 de noviembre de 2019
CULTURA - El Festival Aires de Dulzaina se despidió con una muestra del talento de las comparsas y los títeres

La fabricación de un gigante para desfilar en una comparsa es un trabajo arduo y delicado, donde se refleja también la filosofía de un pueblo, las costumbres y las tradiciones que se dan paso en cada región, como se demostró en la pasada edición de Aires de Dulzaina que culminó con la exhibición de dos comparsas muy diferentes: una vasca y otra castellana.

En el caso de los gigantes de Bilbao de la Mairuek Gaztediko Erraldoiak sus cuatro figuras pesaban uso cuarenta kilos y su estructura de madera soportaban a personajes típicos de la tradición vasca, como un Aittitte Matsorri, un aldeano elegante del barrio de Begoña, la imagen de las modistillas que solían reunirse en el Arenal bilbaíno, Areatzako Jostune, la típica carguera de los muelles de la ría, Kargerue, con su cesta de mimbre y el Angulerue, ese clásico angulero que buscaba en la ría las ya desaparecidas angulas, y que recordaba a las blusas festival de la Aste Nagusia vizcaína.

Estos gigantes estaban fabricados por Kukubiltxo en 1993 y se centran en el pueblo llano de la tierra, danzaban como se acostumbra en el norte y estaban acompañados por dos cabezudos que representaban a Unamuno, que acabó extasiado en un jardín de la localidad, tras correr persiguiendo a los más pequeños, y al Padre Arrupe, así como a dos zaldikos, uno miquelete y otro carlista que recuerdan a la tradición y personajes que forman parte de la tradición euskalduna.

No llegaron solos hasta la villa ribereña, sino acompañados de la Gaztedi Dantzari Taldea, el grupo de danzas más veterano y conocido de Bilbao que se fundó en 1951 y que en 2017 compraron esta comparsa, dando paso así a una nueva generación de porteadores.

Junto al ritmo de la música vasca, que recordaba a caseríos y dantzaris, la sobriedad del pueblo castellano se mostró a través de la comparse de gigantes y cabezudos de Puebla de Sanabria, un grupo zamorano, que está considerado como una de las mejores de toda España y cuya tradición se remonta a 1848, de donde se conservan las figuras de La Negra y el Chino, en 1955 se unieron otros dos personajes: el zapatero y la zapatera y a ellos se sumaron el Rey y la Reina, que ataviada con traje de flor de lis, danzó en San Esteban de Gormaz. En 1996, cinco años más tarde, llegaron a esta comparsa un sanabrés y una sanabresa y en 2002 se unieron los Condes de Benavente, antiguos dueños y señores de la villa, y que sorprendieron a los sanestebeños y visitantes, porque el traje de la mujer, de riguroso negro, pero con pedrería y bordados propios de los días de gala, recordaban a las piñorras y trajes que en Soria se pueden encontrar en el Museo del Traje, dentro del folklore en el vestido de la tierra.

Fue una forma de ver danzar también otra forma, otro ritmo y sonar sus músicos de otra manera, la tradicional de Castilla, que sedujo a los aficionados a unas fiestas que se viven en la calle y que en muchos pueblos se han perdido con el paso de los años o la falta de mozos que carguen y dancen con tan pesado elemento.

Por suerte en San Esteban de Gormaz, gracias a este Festival Aires de Dulzaina, se busca también que la cantera no olvide lo importen que son las tradiciones en la memoria colectiva de un pueblo, por eso se piensa también en los más pequeños, primero en la escuela, con el concierto didáctico y en la última tarde del festival con los títeres de la tía Elena, una compañía de Zaragoza que se fundó en 1995 y que se ha convertido en una de las más relevantes de España, que trabaja tanto para niños como para adultos, por lo que el público salió enamorado de la actuación que hicieron en la carpa, donde representaron El regalo del río que llevó a los sanestebeños a disfrutar de un arte que todavía hoy sigue vivo en los pueblos.

Como explicó Alfonso López, organizador del Aires del Dulzaina, ahora, tras recoger todos los elementos, llega el momento de pensar qué hacer para la próxima edición, nuevas ideas, grupos y propuestas que cada año se complica porque aunque la tradición es infinita el listón sigue creciendo año tras año en San Esteban de Gormaz.

 

Informa Ana Hernando
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