Fortunato Antón repasa su vocación en un tercer libro
jueves, 3 de marzo de 2016
CULTURA · El sacerdote natural de Bayubas de Abajo y párroco en San Esteban de Gormaz celebró sus 60 años como sacerdote en la parroquia sanestebeña.
El sacerdote Fortunato Antón Nuño ha sacado a la calle su tercer libro, dedicado a la historia de su vocación, con el que celebra sus seis décadas como cura desde que celebrara su primera misa en su localidad natal, Bayubas de Abajo el 16 de febrero de hace 60 años, y que festejótambién en la parroquia de San Esteban de Gormaz, su última parroquia, en la misa de tarde, después de la celebración en su pueblo con los mismos ornamentos y cáliz que elevó por primera vez en un altar como sacerdote, regalados por sus convecinos.
Después del libro el Románico de San Esteban, para todo el público, y el románico como Denominación de Origen, al estilo de crónica de vida de San Esteban, este tercer libro repasa “una historia personal de mi vocación”, explica Antón, quien reconoce que este último libro que acaba de sacar a la calle es “para mi familia, para los amigos que me conocen y para los feligreses que han convivido conmigo”, asegura el cura ribereño. El trabajo está prologado por el periodista Miguel Ángel Gozalo, aunque Fortunato Antón también escribe un pequeño prólogo personal en que reconoce que “escribir uno sobre experiencia personales corre el riesgo de ser una autocomplacencia o no ser realista”, en referencia a los recuerdos que ha acumulado durante estos años e invita a la lectura “porque es un tema de la vida de los sacerdotes que la gente no comprende” y que permitirá dar a conocer una labor más amplia, ya que “la vida del sacerdote tiene muchos momentos de soledad en su casa o en la iglesia”, desde las historias y la reflexión, repasando la vida de su apostolado.
El libro también repasa su etapa en el seminario de Sigüenza donde se formó y donde en la postguerra “pasamos hambre de niño” y cómo los sacerdotes de aquel momento tenían “que hacer cábalas para mantenernos”, especialmente porque se encontraban en el lado republicano, donde tuvieron que realizar “una lucha impresionante”, recordando en sus páginas escasez de alimentos y recursos y las anécdotas de vida que marcaron una época de penuria en la que incluso el agua de la habitación para asearse se quedaba helada por las noches y que al igual que sus compañeros de sacerdote considera que “hay que agradecer a Dios porque aquella vida tan dura nos ha fortalecido”.
En su libro también reconoce que los feligreses de aquella época animaban durante la carrera hacia el sacerdocio y en los pueblos pequeños “te acogían como agua en Mayo”, asegurando que ahora los sacerdotes son vistos de otra manera.
Después de tres libros, duda sobre un cuarto libro “ya no voy a poder más”, afirma, reconociendo que es un hombre práctico, el primero porque era una petición de los grupos de turistas para que les explicara de manera sencilla el románico, el segundo porque repasa las “raíces cristinas a San Esteban a través del románico” y este tercero “es un poco egoísta porque trata de uno mismo”, explicando que el sacerdote siempre está rodeado del ambiente y nunca está “aislado, sino que está llevando a Dios a la gente y a la gente hacia Dios”, concluye.
Después del libro el Románico de San Esteban, para todo el público, y el románico como Denominación de Origen, al estilo de crónica de vida de San Esteban, este tercer libro repasa “una historia personal de mi vocación”, explica Antón, quien reconoce que este último libro que acaba de sacar a la calle es “para mi familia, para los amigos que me conocen y para los feligreses que han convivido conmigo”, asegura el cura ribereño. El trabajo está prologado por el periodista Miguel Ángel Gozalo, aunque Fortunato Antón también escribe un pequeño prólogo personal en que reconoce que “escribir uno sobre experiencia personales corre el riesgo de ser una autocomplacencia o no ser realista”, en referencia a los recuerdos que ha acumulado durante estos años e invita a la lectura “porque es un tema de la vida de los sacerdotes que la gente no comprende” y que permitirá dar a conocer una labor más amplia, ya que “la vida del sacerdote tiene muchos momentos de soledad en su casa o en la iglesia”, desde las historias y la reflexión, repasando la vida de su apostolado.
El libro también repasa su etapa en el seminario de Sigüenza donde se formó y donde en la postguerra “pasamos hambre de niño” y cómo los sacerdotes de aquel momento tenían “que hacer cábalas para mantenernos”, especialmente porque se encontraban en el lado republicano, donde tuvieron que realizar “una lucha impresionante”, recordando en sus páginas escasez de alimentos y recursos y las anécdotas de vida que marcaron una época de penuria en la que incluso el agua de la habitación para asearse se quedaba helada por las noches y que al igual que sus compañeros de sacerdote considera que “hay que agradecer a Dios porque aquella vida tan dura nos ha fortalecido”.
En su libro también reconoce que los feligreses de aquella época animaban durante la carrera hacia el sacerdocio y en los pueblos pequeños “te acogían como agua en Mayo”, asegurando que ahora los sacerdotes son vistos de otra manera.
Después de tres libros, duda sobre un cuarto libro “ya no voy a poder más”, afirma, reconociendo que es un hombre práctico, el primero porque era una petición de los grupos de turistas para que les explicara de manera sencilla el románico, el segundo porque repasa las “raíces cristinas a San Esteban a través del románico” y este tercero “es un poco egoísta porque trata de uno mismo”, explicando que el sacerdote siempre está rodeado del ambiente y nunca está “aislado, sino que está llevando a Dios a la gente y a la gente hacia Dios”, concluye.
Informa Ana Hernando