Fortunato Antón, la visión del confinamiento desde el prisma espiritua

lunes, 14 de septiembre de 2020
CULTURA - El sacerdote de San Esteban de Gormaz ha editado un nuevo libro para servir de ?alivio?

Fortunato Antón Nuño lleva años ejerciendo como sacerdote en San Esteban de Gormaz, aunque ya jubilado sigue con la pastoral en la villa ribereña y escribiendo libros para dar a conocer desde el románico a la vocación que le llevó a ejercer su trabajo. Ahora acaba de publicar un nuevo libro que bajo el título Mi confinamiento pretende ser ?un alivio para todos?, en referencia especialmente a aquellas personas y familias que han perdido a algún ser querido a causa de esta pandemia.

Antón ha vivido en sus propias carnes lo que es perder a varios familiares, naturales de Bayubas de Abajo, a causa de la COVID 19, por eso es capaz de empatizar también con ese dolor, como recoge en uno de los capítulos más duros de su nuevo ejemplar, el que está dedicado a los que no pudieron despedirse ni ser despedidos, pero que busca arropar a los que sufrieron ante sus familiares y vecinos.

Aunque había asegurado cuando publicó su último libro que no volvería a escribir, ?alguien me sugirió que porqué no escribía algo sobre este acontecimiento para que quedara una constancia escrita? ante estos momentos que se estaban viviendo a nivel mundial y por eso recogió este libro cuya portada preside una cruz de enterramiento junto con el símbolo del virus, pero también el arcoíris de esperanza, junto a tres momentos que se perdieron por el estado de alarma: Cuaresma, Semana Santa y Pascua.

?Es algo que todos llevaríamos siempre en el corazón?, reconoce, explicando el dolor que se siente ?al ver cómo han muerto algunas personas sin ver a nadie que les haya atendido? y pone como ejemplo algún retrato de alguno de los familiares de uno de los fallecidos que incluso las mismas cenizas tuvieron que hacerlas no en Barcelona sino en Lérida, porque en Barcelona no tenían manera de hacerlo ante la saturación de víctimas.

?Esos problemas tan tristes para las familias no tenían manera de hacerlo? y por eso en el libro se repasa ?el aspecto cristiano y el mio de sacerdote?.

Su misión pastoral nunca cesó y todas las tardes celebraba en su casa, junto a su hermana, la Eucaristía, ?y todos los días pedíamos por los que estaban en ese momento sufriendo el virus y por todos aquellos que supuestos estaban en las manos de Dios?.

Antón dejó de celebrar sus misas diarias en la residencia de ancianos Virgen del Rivero de la localidad, donde acudía diariamente, porque entre las medidas de prevención estaba el cese de esta actividad, pero desde el centro le ofrecieron poder visitar a los residentes. Pero declinó esa oferta por evitar contagios, lo que sí hacía era llamar todas las tardes y era ?bonito ver cómo contestaban que estamos todos bien?, asegura.

Ahora su libro lleva ?como un alivio para todos?, aunque recoge algún capítulo de gran dureza y busca dar respuestas a preguntas como la que le hacía una de sus primas ante la muerte de su madre, que se cuestionaba qué habíamos hecho mal. ?Yo le digo hemos hecho muchas cosas mal todos, pero Dios quiere el arrepentimiento y nos da el perdón y habrá perdonado todas sus culpas?, afirma recogiendo una cita que asegura que ?en el archivo del corazón de Dios no figuran los pecados de los hombres y las mujeres, sino que figuran el dolor y el arrepentimiento de las personas y esos que han fallecido habrán tenido a Dios junto a ellos y estarán con el Señor?, añade.

 

 

Informa Ana Hernando
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