Realizar maquetas puede servir como relajante y entretenimiento
lunes, 11 de diciembre de 2006
SOCIEDAD · Silvano del Cura Palomar es un repartidor de gasóleo de 46 años que desde hace cinco ha encontrado una válvula de escape para sus problemas: la realización de maquetas de iglesias de la zona.
Ya ha finalizado San Miguel, de San Esteban de Gormaz y la iglesia de Campinsábalos, en Guadalajara. En ellas invierte su tiempo y su dinero, ya que el material para construir estos pequeños convierte su pasión en un caro y trabajoso hobby,
pero para Sivalno del Cura, que ha convertido su cochera de San Esteban de Gormaz en un improvisado taller, «es un vicio».
Su historia comenzó cuando su hijo, Adrián, y Miguel Ángel Rincón, un amigo de éste,
planearon pasar el verano realizando la maqueta de un castillo, por pura diversión.
La idea del castillo fue sustituida por la iglesia de San Miguel, de la villa ribereña, pero
Silvano veía que estos chavales de 16 años, iban muy lentos y decidió agilizar el proceso.
Esa fue su primera creación, y la más rápida, sólo tardó sies meses en completarla con piedra y calicanto.
«Eran unos ñoños»- bromea un risueño Silvano ante la presencia de su hijo, al que reconoce que estaba trabando la maqueta como se hacían antiguamente las
iglesias.
«Estaba en un mal momento personal , un poco deprimido, y esto me sirvio de
relajación»- afirma un hombre nervioso e inquieto, que sorprende a los conocidos por su pasión tan necesaria de precisión y concentración.
Silvano reconoce que si puedo terminar tan rápido la primera maqueta fue también porque los chavales habían dejado unos cimientos perfectos.
Después comenzó con otra iglesia, en este caso de la vecino Campinsábalos, en la
provincia de Guadalajara, que descubrió cuando iba a repartir con el camión y se
maravilló de la belleza de un templo que además han restaurado para dejarlo libre de
postizos.
Esa fue más lenta, un año o año y medio en verla concluida, pero siempre
realizándola en pequeños huecos y ratos libres.
La búsqueda de materiales también le tuvo entretenido.
Primero conseguía la piedra de La Pedriza, pero era muy dura y se hacía muy difícil trabajar con ella, por lo que descubrió la piedra de Retortillo, que es más dócil y le permite trabajar mejor cada bloque de sillería.
El ladrillo es, junto con el pegamento, lo más caro. cuando comenzó con esta
pasión una bolsa de 100 tejas le costaba 1.200 pesetas y el tejado de cualquier iglesia
requiere unas 4.000 tejas.
Por eso, ahora está investigando cómo poder realizarlas él mismo.
Ahora anda afanado en la construcción de la iglesia del Rivero, también de San Esteban, para la que ha tenido que realizar fotos y conseguir los planos del edificio.
Gracias a las cámaras digitales su trabajo es más sencillo, porque permite ver los detalles.
Además esta iglesia que tendrá terminada antes de Navidad dispondrá de luz, un nuevo reto a su pasión.
Los próximos objetivos serán Santo Domingo de Soria, San Climent de Taüll o San Martín de Frómista.
El precio de estas maquetas es incalculables, por su mimo y dedicación, pero salvo la
primera, San Miguel, Silvano asegura que estaría dispuesto a venderlas, eso sí a un buen precio, que su trabajo le ha costado.
pero para Sivalno del Cura, que ha convertido su cochera de San Esteban de Gormaz en un improvisado taller, «es un vicio».
Su historia comenzó cuando su hijo, Adrián, y Miguel Ángel Rincón, un amigo de éste,
planearon pasar el verano realizando la maqueta de un castillo, por pura diversión.
La idea del castillo fue sustituida por la iglesia de San Miguel, de la villa ribereña, pero
Silvano veía que estos chavales de 16 años, iban muy lentos y decidió agilizar el proceso.
Esa fue su primera creación, y la más rápida, sólo tardó sies meses en completarla con piedra y calicanto.
«Eran unos ñoños»- bromea un risueño Silvano ante la presencia de su hijo, al que reconoce que estaba trabando la maqueta como se hacían antiguamente las
iglesias.
«Estaba en un mal momento personal , un poco deprimido, y esto me sirvio de
relajación»- afirma un hombre nervioso e inquieto, que sorprende a los conocidos por su pasión tan necesaria de precisión y concentración.
Silvano reconoce que si puedo terminar tan rápido la primera maqueta fue también porque los chavales habían dejado unos cimientos perfectos.
Después comenzó con otra iglesia, en este caso de la vecino Campinsábalos, en la
provincia de Guadalajara, que descubrió cuando iba a repartir con el camión y se
maravilló de la belleza de un templo que además han restaurado para dejarlo libre de
postizos.
Esa fue más lenta, un año o año y medio en verla concluida, pero siempre
realizándola en pequeños huecos y ratos libres.
La búsqueda de materiales también le tuvo entretenido.
Primero conseguía la piedra de La Pedriza, pero era muy dura y se hacía muy difícil trabajar con ella, por lo que descubrió la piedra de Retortillo, que es más dócil y le permite trabajar mejor cada bloque de sillería.
El ladrillo es, junto con el pegamento, lo más caro. cuando comenzó con esta
pasión una bolsa de 100 tejas le costaba 1.200 pesetas y el tejado de cualquier iglesia
requiere unas 4.000 tejas.
Por eso, ahora está investigando cómo poder realizarlas él mismo.
Ahora anda afanado en la construcción de la iglesia del Rivero, también de San Esteban, para la que ha tenido que realizar fotos y conseguir los planos del edificio.
Gracias a las cámaras digitales su trabajo es más sencillo, porque permite ver los detalles.
Además esta iglesia que tendrá terminada antes de Navidad dispondrá de luz, un nuevo reto a su pasión.
Los próximos objetivos serán Santo Domingo de Soria, San Climent de Taüll o San Martín de Frómista.
El precio de estas maquetas es incalculables, por su mimo y dedicación, pero salvo la
primera, San Miguel, Silvano asegura que estaría dispuesto a venderlas, eso sí a un buen precio, que su trabajo le ha costado.
Informa Ana Hernando